
El
terremoto y
maremoto del 13 de agosto de 1868, arrasó las instalaciones mineras y las viviendas, lo cual motivó que la reconstrucción del poblado se hiciera en el sector que corresponde al área costera céntrica contemporánea, localización que ofrecía mayor seguridad en casos de una emergencia similar, producto de la mayor extensión de la planicie costera.
Al inicio de las actividades mineras en
el Toco alrededor de 1875 ya existía en
Tocopilla un muelle y una
destiladora de agua salada en
Caleta Duendes. El dinamismo de la ciudad está desde entonces íntimamente ligado a su hinterland minero, en particular salitrero.
En 1868, después del terremoto, tiene su albores la actual
Compañía Minera de Tocopilla, año en que se registra como
Tocopilla Coopermine, cuyo principal accionista era el ingeniero
Henry Sloman y funcionaba en terrenos de
Calle Bolívar.
Mientras hombres, empresas y gobiernos trazaban sus propias perspectivas, la naturaleza desencadenaría sobre el actual
Norte de Chile una de las tragedias más pavorosas de su historia. En efecto, en la Noche del
9 de mayo de 1877, un violento terremoto seguido de inmediato por un devastador maremoto, dejaría un saldo trágico en las costas desde
Arica a Caldera.
En
Duendes,
Tocopilla y
Punta Blanca los perjuicios fueron inmensos. Los habitantes de Tocopilla y Duendes quedaron completamente en ruinas, pero sin lugar a dudas el lugar más afectado fué
Cobija; resultando completamente destruido, ya la agonía de este puerto se había iniciado con el terremoto y maremoto de 1868. Nunca más volvió
el puerto Lamar a ser lo que hasta entonces había sido.
Su reconstrucción: En 1877, a la
junta Municipal de Tocopilla le correspondió la responsabilidad de reorganizar la vida cotidiana del puerto, lo que impulsó a las autoridades a proyectar la futura ciudad en la
parte alta o plataforma que se
extendía hacia los cerros. Para ello fue comisionado el ingeniero francés
Máximo Latrille, con la obligación de estudiar la distribución del nuevo emplazamiento y llevar a un plano su proyecto, el que serviría de base a las adjudicaciones que la junta proyectaba entregar a la mayor brevedad.
A mediados del mes de julio del mismo año se encontraba listo el proyecto traducido en
un plano con sus manzanas y
sitios de loteo, al mismo tiempo que se había trazado
con carburo el terreno de la nueva ciudad. Ese año, el plano muestra la existencia de 7 manzanas, aunque con muchos sitios eriazos. Tocopilla (actual Prat) era la vía más importante, esta se encontraba cortada debido a la presencia del Cementerio protestante construído por los ingleses de las fundiciones, corresponde más o menos al lugar en que se levanta la sede del
Club Deportivo Chile Sporting; la continuación de la
calle Tocopilla se llamaba
Buenavista, perpendiculares a esta calle eran
San Martín,
Caracoles,
Bolívar,
Ballivián,
Yumbel (actual Colón) y
Washington.
Las actuales
21 de mayo,
Sucre,
Matta eran
peladeros inaccesibles. En el año 1878 mientras en la ciudad de
Antofagasta los acontecimientos iban encadenándose inexorablemente hacia el conflicto armado, de 1879, en
Tocopilla se vivía un clima de
tranquilidad absoluta.
La futura
ciudad de Tocopilla delimitaba entre el mar y los primeros faldeos de los cerros, era como un campamento que empezaba a levantarse, con chozas de una o dos piezas, construídas en forma provisoria para no perder el derecho a la adjudicación del lote, cuyo reglamento estipulaba un plazo perentorio de
6 meses para su construcción.
El
plano dibujado por el ingeniero don
Máximo Latrille nos permite ubicar el radio exacto que en aquella época tenía la ciudad: por el lado sur, los cerros del establecimiento de
fundición Bellavista, hasta donde se llegaba por una calle del mismo nombre que nacía a la altura de
Bolívar, atravesando parte de los actuales terrenos de la
Sociedad Química y Minera de Chile.
Por el norte limitaba con una corrida de 6 casas ubicadas entre las calles
Washington y Freire. Por el naciente limitaba con terrenos abruptos donde nadie pensó que más tarde construirían
densos sectores poblacionales pese a todo.